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Vivimos en tiempos de crisis, crisis económica y crisis de valores, muchas personas se sienten defraudadas, pusieron su ilusión en un progreso ilimitado y hoy ven cómo todo se trunca a su alrededor. En la algarabía de la fiesta se fueron alejando de Dios, por ser un valor costoso y de lento rendimiento y se echaron en manos del relativismo moral, del todo vale, sobe todo si suma. Hoy se comienza a escuchar que se ha terminado el vino, que su alegría espumeante cesó y que sólo el agua está dispuesta para ese trago. Pero hay alguien que ya se ha dado cuenta, es ella, la Madre, la Virgen de las Angustias que como en Caná mira a sus hijos angustiados y les ofrece una solución: el Hijo bendito de su vientre. Cuando se acabó el vino en las bodas de Caná, María se dirigió a los novios angustiados y les dijo refiriéndose a Jesús: “Haced lo que él os diga”. Cristo nos dicen en el Evangelio: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Para nosotros los cristianos, aceptar la centralidad de Cristo en nuestra vida es aceptar que hay un Camino para alcanzar la felicidad que con tanta ansia buscamos, el camino del amor, de la entrega generosa y desinteresada, sólo este camino nos lleva a la felicidad y este camino es Cristo. Aceptar la centralidad de Cristo en nuestra vida es aceptar que sólo hay una Verdad: la salvación que Cristo nos ofrece y que encierra en sí todas las demás verdades. Aceptar la centralidad de Cristo es proclamar que Él es nuestra Vida en la tierra y después de la muerte cuando gocemos de su eterna compañía. Aceptar estas verdades es vivir la vida cristiana sin complejos y sin miedos “quien se pone de mi parte delante de los hombres, yo me pondré de su parte delante de mi Padre del cielo, quien se avergüence de mi delante de los hombres, yo me avergonzaré de él delante de mi Padre del cielo”. En estos tiempos de crisis en los que se tambalean las realidades humanas, hemos de abrir los ojos al la realidad divina: “Acumulad tesoros en el cielo donde la polilla y el orín no los roen” y buscad a Dios fuente de paz y alegía. Tras las fiestas de nuestra patrona, la Virgen de las Angustias, comenzará un nuevo año pastoral, os invitamos a todos a vivirlo con entusiasmo, a los que ya estáis enrolados en la vida de las parroquias os pedimos que sigáis trabajando con ilusión y no os caséis, a pesar de las dificultades y a los que hasta ahora no habéis podido colaborar, os recordamos que la Iglesia es vuestra madre y que en la casa de Dios siempre habrá un sitio y una labor para vosotros. Las puertas están abiertas, que se abran ahora los corazones... Y recordad siempre el consejo de nuestra Madre. “Haced lo que él os diga”. Vuestros sacerdotes
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