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Bienvenida Madre mía,
Rosa y perfume del
alba,
esta sencilla
poesía
se haga por Ti voz
del alma.
¡Oh Virgen de las
Angustias!
¡Que dolor llevan
tus lágrimas!
¡Cuánta pena por el
Hijo
que en la cruz
agonizara!
Tus labios de seda
púrpura,
temblaban y recibían
la tremenda
sensación
que tus entrañas
sufrían.
Una vez más, Tu has
venido
a la que es siempre
tu casa.
San Andrés lleno de
gozo
trasvena Pasión sin
tasa.
Un año más Tu has
venido
a esta Iglesia
iluminada,
henchida de amor
por todos
con angustia en la
mirada.
¡No llores más
Madre mía
que mi corazón te
aclama!
Soy el moralo que
un día
con pena te
abandonaba.
Con mi juventud, y
alegre,
te pedí que me
cuidaras,
que Extremadura y
tus ojos
me fueran en las
entrañas.
¡Alcen campanas el
vuelo
y que las torres Te
sueñen
que la suerte me
dio el Cielo
de poder volver a
verte!
¡No llores mas
Virgen Santa!,
Madre de amor,
desdoblada.
No llores que el
pueblo canta
una vez mas Tu
llegada.
Pero, qué me digo
Madre,
María, La
Inmaculada,
La que nos vela en
silencio
con su celestial
mirada.
Tú, nunca te
fuiste, ¡Nunca!
Siempre, tornasol
de lágrimas,
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Cien años ya, de tu
Ermita.
¡Miles del pueblo
abogada!
¡La Morala más
hermosa!
¡La Madre más
resignada!
Tú estarás siempre
en nosotros
allá en tu casita
blanca,
Ermita de grana y
oro
que la tarde
arrebolara.
De todas las madres
eres
a Celestial, la
Entronada,
la que ruega por
nosotros,
la que vela por
España.
Tú te trasvenas de
amor
en esas madres
moralas
que cuidan tanto a
los hijos
amparándose en tus
alas.
Tú intercedes por
nosotros,
Ilustrísima morala.
estuviste con
nosotros
implorando tus
plegarias.
Llévale al Señor el
ruego
de éste pueblo que
te canta.
He vuelto porque te
quiero,
Y aunque me duelan
tus lágrimas
y mis ojos lloren
versos,
Tú seguirás en mi
alma.
En mis manos
prendería
ese fuego de tus
lágrimas
apagando con mi
sangre
ese dolor de tu
cara.
¡Madre, por que yo
te quiero,
celestial Paloma
blanca!
Cuando tuve que
dejarte
sentí dolor en el
alma.
Amantísima Señora,
quién de ti fuera
una lágrima
para lucirse en tu
piel
y deslizarse en tu
cara...
¡Pero tanto honor
Señora!
¡Sólo
Tu Hijo lo alcanza!
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