| Sentimientos de un hijo hacia su madre |
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| Escrito por Jesús Fernández Jiménez | |||
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Sentimientos de un hijo hacia su madre Jesús Fernández Jiménez En estas líneas que escribo como sacerdote para la revista de la Virgen días después de mi ordenación sacerdotal quería compartir con vosotros una reflexión que hice sobre los misterios dolorosos en los ejercicios espirituales previos a la ordenación. En los Ejercicios Espirituales, San Ignacio de Loyola nos invita a hacer una composición de lugar al contemplar los textos evangélicos. Entre otras cosas, significa observar cada pasaje del evangelio sintiendo con los personajes que aparecen sus mismos sentimientos. Al contemplar la Pasión y muerte de Jesús, cerca siempre de él, está su madre la Virgen y otras mujeres. Si hacemos la composición de lugar de esos textos, veremos siempre cercana a la Virgen con dos emociones contrapuestas: está llorando desconsolada por el dolor y la muerte de su hijo; y por otro lado, está confiada en la voluntad de Dios, sabiendo que se está haciendo así su voluntad. Ella no lo entiende, pero sabe que eso es lo que quiere Dios. Seguro que se acuerda de aquel día que el ángel le anunció que iba a dar a luz al Hijo de Dios, y entonces tampoco lo comprendió, solo se fió de él, y él lo hizo todo. Sabe que en el dolor es lo mismo: se fía de él, porque sabe que si lo permite es porque de alguna manera es bueno para todos. La Virgen siempre se entrega a la voluntad del Señor, y eso es lo que tenemos que aprender nosotros de ella. Y más cuando la advocación bajo la que la veneramos como madre nuestra y patrona de Navalmoral es la de nuestra Señora de las Angustias, que en su regazo nos ofrece al redentor muerto por nuestros pecados. Ella supo aceptar la voluntad de Dios, y por eso ella fue la llama encendida en el Sábado Santo. Ella mantuvo la fe incluso en la mayor de las oscuridades, porque ella se fiaba del Señor. Al igual que ella yo me quiero fiar del Señor y entregarme a él. Quiero terminar con la poesía que escribí hace ya algunos años, que expresa los sentimientos de un hijo hacia su madre: “...(Tú) orientas mi vagar sobre la arena... tu canto siempre vivo... jamás de mi dolor está distante. ...tú no te vas, nunca me olvidas, tu aliento... intercede por mi vida, Y... siento tu presencia que me llama Virgen María Santa, Virgen Buena”
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