MAYORDOMOS DE NTRA. SRA. DE LAS ANGUSTIAS

PATRONA DE NAVALMORAL DE LA MATA

Domingo, 20. Mayo 2012
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Sentimientos de un hijo hacia su madre PDF Imprimir E-mail
Escrito por Jesús Fernández Jiménez   

Sentimientos de un hijo hacia su madre

Jesús Fernández Jiménez

En estas líneas que escribo como sa­cerdote para la revista de la Virgen días después de mi ordenación sacer­dotal quería compartir con vosotros una reflexión que hice sobre los miste­rios dolorosos en los ejercicios espiri­tuales previos a la ordenación.

En los Ejercicios Espirituales, San Ignacio de Loyola nos invita a hacer una composición de lugar al contem­plar los textos evangélicos. Entre otras cosas, significa observar cada pasaje del evangelio sintiendo con los perso­najes que aparecen sus mismos senti­mientos.

Al contemplar la Pasión y muerte de Jesús, cerca siempre de él, está su madre la Virgen y otras mujeres. Si hacemos la composición de lugar de esos textos, veremos siempre cercana a la Virgen con dos emociones contra­puestas: está llorando desconsolada por el dolor y la muerte de su hijo; y por otro lado, está confiada en la vo­luntad de Dios, sabiendo que se está haciendo así su voluntad.

Ella no lo entiende, pero sabe que eso es lo que quiere Dios. Seguro que se acuerda de aquel día que el ángel le anunció que iba a dar a luz al Hijo de Dios, y entonces tampoco lo com­prendió, solo se fió de él, y él lo hizo todo. Sabe que en el dolor es lo mismo: se fía de él, porque sabe que si lo permite es porque de alguna mane­ra es bueno para todos.

La Virgen siempre se entrega a la voluntad del Señor, y eso es lo que te­nemos que aprender nosotros de ella. Y más cuando la advocación bajo la que la veneramos como madre nuestra y patrona de Navalmoral es la de nues­tra Señora de las Angustias, que en su regazo nos ofrece al redentor muerto por nuestros pecados. Ella supo acep­tar la voluntad de Dios, y por eso ella fue la llama encendida en el Sábado Santo. Ella mantuvo la fe incluso en la mayor de las oscuridades, porque ella se fiaba del Señor.

Al igual que ella yo me quiero fiar del Señor y entregarme a él. Quiero terminar con la poesía que escribí hace ya algunos años, que expresa los senti­mientos de un hijo hacia su madre:

“...(Tú) orientas mi vagar sobre la arena...

tu canto siempre vivo...

jamás de mi dolor está distante.

...tú no te vas, nunca me olvidas,

tu aliento... intercede por mi vida,

Y... siento tu presencia que me llama

Virgen María Santa, Virgen Buena”

 
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