| Saludo de los sacerdotes 2011 |
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| Escrito por Administrator | |
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Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe como MARÍA Saludo de los Sacerdotes Pensar en María, es pensar en la perfecta Discípula de Cristo, ejemplo para todos los cristianos y modelo de vida para los feligreses de nuestras parroquias. En este año, el deseo del Santo Padre Benedicto XVI para el mundo, manifestado en el mensaje para la XXVI Jornada mundial de la juventud, Madrid 2011, es también el deseo de vuestros sacerdotes: Pedimos a la Santísima Virgen de las Angustias, que todos permanezcamos “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (Col 2,7). En un momento social de crisis en todos los sentidos, también la fe se ve confundida por la fuerte corriente de pensamiento laicista que quiere apartar a Dios de la vida de las personas y de la sociedad, planteando e intentando crear un “paraíso” sin Él. Pero la experiencia enseña que el mundo sin Dios, sin el Hijo de María, se convierte para muchos en un “infierno”, donde prevalece el egoísmo, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y los pueblos, la falta de amor, alegría y esperanza; En cambio, cuando las personas y los pueblos acogen la presencia de Dios, como lo hizo la Virgen y como nos lo ofrece en nuestra imagen de las Angustias, le adoran en verdad y escuchan su voz, se construye concretamente la civilización del amor, donde cada uno es respetado en su dignidad y crece la comunión, con los frutos que esto conlleva y que todos deseamos se hagan visibles en nuestras comunidades parroquiales. Sólo con Dios a nuestro lado seremos capaces de afrontar con valentía y firmeza las dificultades, los problemas, también las desilusiones y los fracasos. Acojamos con gratitud este don espiritual que aporta la devoción y el amor a la Virgen de las Angustias y que hemos recibido de nuestras familias y esforcémonos por responder con responsabilidad a la llamada de Dios convirtiéndonos en adultos en la fe al servicio de nuestras comunidades y de nuestros hermanos. No somos creyentes aislados, ninguno de nosotros podemos creer sin ser sostenidos por la fe de los otros y sólo la fe profesada por y en la Iglesia asegura nuestra fe personal. El permanecer arraigados en Cristo, edificados en su Iglesia y firmes en la fe nos llevará a vivir el verdadero espíritu de fraternidad en la compañía de María, que permanece siempre con nosotros como Madre de la Iglesia y Madre nuestra.
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