MAYORDOMOS DE NTRA. SRA. DE LAS ANGUSTIAS

PATRONA DE NAVALMORAL DE LA MATA

Lunes, 06. Febrero 2012
Conocer a la Virgen PDF Imprimir E-mail
Escrito por Dionisio Enrique López Gallego   

Estoy convencido de que todos los que amamos a la Virgen quisiéramos saber más cosas de ella, de su familia, de su infancia, de su vida, de sus pensamientos. Son pocos, sin embargo, los datos que encontramos en los Evangelios sobre la Virgen María. Pero es tan extraordinaria y rica la enseñanza que recibimos de María en el Evangelio que no podemos quejarnos de que esté expresada en pocas palabras. Me atrevo a decir que la única palabra posible y que justificaría todo es "SI". Esta palabra dada por María al Arcángel Gabriel es la llave para conocer a María.

En el Evangelio de Lucas conocemos la confianza de María en Dios, en su Palabra, en su voluntad. Al aceptar ser la Madre del Verbo, comienza una dura carrera de fe: la soledad del parto en Belén, la huida a Egipto... María mantiene la confianza aunque no entiende muchas cosas de las que hace Jesús.

Juan nos muestra la fortaleza de la Virgen, de pie junto a la cruz de su Hijo. Al comienzo de la vida pública de Jesús, María le sigue, escondida como una más entre la multitud. Es en la Pasión de Jesús, cuando todos huyen y le abandonan, cuando María permanece y se hace más patente su presencia. En las dificultades, permanece, ante la persecución, permanece, y el dolor ante la muerte de Jesús se convierte en fuente de amor aún más vivo y eficaz hacia el Hijo ¡y hacia los que recibe como nuevos hijos!.

La noche en que apresaron a Jesús todos huyeron, sólo Pedro le seguía de lejos hasta que le negó y, aturdido por la tristeza, desapareció también. Solo uno de ellos estaba al pie de la Cruz. Estaba con María tan asustado como los demás, pero acudió a María que le enseñó con amor de Madre a abrazar con entereza una situación de la que antes había huido. Con Ella, el discípulo crece y se fortalece en la fe y la confianza y en algo profundamente humano como es el estar junto al Amigo compartiendo con Él su dolor, acariciándole con una mirada de amor que palie tanto sufrimiento.

María a los pies de la cruz de Jesús nos enseña de nuevo el camino: un amor más fuerte que la muerte, la esperanza en la Palabra de su Hijo, el acoger en su corazón a los que estaban matando a Jesús puesto que Él los perdonaba.

María en casa de Juan empieza una nueva vida. El Evangelio nos dice que cuando Jesús aparece resucitado a los apóstoles allí estaba la Virgen en oración. ¿quién les ha reunido? ¿quién les ha dado valor para salir de sus casas y juntarse nuevamente?. Podemos pensar que María, al día siguiente del entierro de su Hijo, ha despertado preocupada por los otros hijos que están desperdigados y le ha dicho a Juan: "busca a Pedro, a Andrés, a Santiago, a Felipe, a todos y tráelos a casa". ¡Qué dolor sentiría la Virgen al saber la noticia de Judas! ¡Con que cariño le habría abrazado para llenar su corazón del perdón de Jesús!.

¡Qué alegría tan grande debe experimentar la Virgen cuando vivimos unidos entre nosotros y a Jesús! La Virgen María es mediadora excepcional en los conflictos, educadora en la oración, promotora eficaz de concordia y comunión. Sigue hoy buscando a sus hijos desorientados, fortaleciendo a los más débiles, rodeando con amor a los que dudan ¡y enseñándonos a mirar a Cristo traspasado para que podamos acogerle resucitado!

"Porque María es siempre camino que conduce a Cristo. Todo encuentro con Ella no puede menos de terminar en un encuentro con Cristo mismo. ¿Y qué otra cosa significa el continuo recurso a María sino un buscar entre sus brazos, en Ella, por Ella y con Ella, a Cristo nuestro Salvador, a quien los hombres en los desalientos y peligros de aquí abajo tienen el deber y experimentan sin cesar la necesidad de dirigirse como a puerto de salvación y fuente trascendente de vida?" (Pablo VI. "Mense maio").

Quizás sea poco, como decía al principio, lo que sabemos de la Virgen María, pero ese poco nos pone siempre en referencia a Jesús. María nos enseña así no sólo que su vida es Jesús, sino que la nuestra también ha de serlo.

 

Dionisio Enrique López Gallego

Secretario del Consejo Diocesano de Hermandades y Cofradías

 
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