MAYORDOMOS DE NTRA. SRA. DE LAS ANGUSTIAS

PATRONA DE NAVALMORAL DE LA MATA

Lunes, 06. Febrero 2012
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EL CORRALILLO DE LA ERMITA PDF Imprimir E-mail
Escrito por Rosa María BautistaRodríguez   

El paso del tiempo me coge siempre desprevenida. Como a todos, supongo. ¿Ya ha pasado un año? ¿Estamos de nuevo en vísperas de la festividad de la Virgen de las Angustias? ¿Dónde se ha ido este tiempo? ¿Cuáles han sido los sucesos menudos que han salpicado cada uno de sus días llenándolos de satisfacciones, disgustos, monotonía, tranquilidad, preocupaciones, dolor, felicidad...?

-Háblame de las fiestas de las Angustias, de cómo eran en tu infancia.

El levanta los ojos del periódico y dice recordar una borrosa foto en blanco y negro: la del corralillo de la Ermita.

No habían llegado todavía los años setenta ni se había construido la Iglesia Parroquial de las Angustias. Pero sí  se había celebrado el Concilio Vaticano II y sus aires renovadores introdujeron una pequeña revolución en la manera de celebrar la entonces fiesta grande morala, todavía no destronada por los Carnavales.

Decidió D. Emiliano que la Virgen debía salir a la calle y participar de la vida cotidiana de sus feligreses; es decir, debía visitar los distintos barrios. Así, en la víspera de su fiesta, la imagen de Nuestra Señora de las Angustias se llevó, por primera vez, a las llamadas Casas Baratas.

Las calles se engalanaron para homenajear a la Patrona; y Ella, feliz de estar entre los suyos, pasó la noche en un pequeño altar, rodeada de fieles y acompañada por la banda sonora de la chiquillería callejera, con permiso para trasnochar por lo especial del momento.

Ya en la mañana, Misa Solemne. Y la Ermita, pequeña, no da abasto para acoger a los feligreses. Así pues, siguiendo la distribución correcta entonces, las mujeres ocupan la parte delantera; los hombres atrás, y, si no se cabe, fuera, en el corralillo, cercados por un murete y con la fuente, de diseño mucho más tradicional que la actual,  para refrescarse un poco.

Me cuenta – recuerdo de malas lenguas sin duda- que no  está  demostrado  si la aglomeración que se producía en el corralillo en las fiestas patronales y misas de domingo venía dada  por la falta de espacio en el interior de la ermita, o por la posición privilegiada que los usuarios de dicho espacio tenían para, acabada la ceremonia religiosa, salir los primeros hacia el tren de la una.

¿Y qué tenia de especial el tren correo de Madrid que llegaba a Navalmoral a la una?. Eran otros tiempos. En la estación recogían la prensa Antonio y Urbano, quienes, antes de llevarla a sus quioscos respectivos vendían allí mismo el Marca (el As, con su huecograbado llegaría años más tarde) a los impacientes por conocer las novedades de sus equipos.

Eso fue ayer, cuando las horas de una tarde de verano tenían mucho más de los sesenta minutos que marca el reloj. Hoy, le digo, consumimos la vida deprisa y sólo la memoria, borrosa y a veces desdibujada, enlaza nuestro pasado y nuestro presente.

La ermita de la Virgen de las Angustias sigue siendo un lugar acogedor. Ustedes lo saben porque, con toda seguridad, forman parte de los muchos moralos que pasan por ella cada día. Allí se encuentra la paz y el silencio. El sosiego necesario para coger fuerzas al inicio de cada jornada. El tiempo para la reflexión sobre los problemas cotidianos que nos resultan difíciles de resolver.  Y sobre todo, ayer y hoy, allí se encuentra la Madre.

Porque la imagen de la Virgen de las Angustias es la imagen de una madre que sufre y sabe comprender. La imagen de todas las madres que nos parieron con amor y con dolor y comprenden y sufren cada cosa que les pasa a sus hijos.

Es la imagen desgarrada y rota de esa mujer sudafricana que un día de esperanza embarcó en una patera con su hijo para darle un futuro mejor; no pudo ser y tuvo que sobrevivir al dolor de ver cómo moría en sus brazos y era arrojado al mar. Y es la imagen de todas las madres que dan a luz a sus hijos en el amplísimo mapa del hambre y la miseria y, a pesar de sus terribles circunstancias, luchan por ellos cada día.

El me mira, asiente  y vuelve al periódico. Lee noticias sobre víctimas de la violencia doméstica, desempleo y crisis. Más muertos en pateras; más niños maltratados. Más, más, más... Es el dibujo de una sociedad opulenta, hastiada, cada vez más tensa y enfadada consigo misma.

Yo pienso que ya nos ha pasado la hora de la inocencia. Y quizás por eso, cada mañana muchos vecinos de Navalmoral se acercan a la Ermita de la Virgen, pasan sin reconocerlo ni reconocerse por el antiguo corralito y dejan parte de sus angustias a los pies de la Madre y su hijo muerto. Un año más.

Rosa María Bautista Rodríguez

 
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