MAYORDOMOS DE NTRA. SRA. DE LAS ANGUSTIAS

PATRONA DE NAVALMORAL DE LA MATA

Lunes, 06. Febrero 2012
FARO LUMINOSO PDF Imprimir E-mail
Escrito por Enrique López Gallego   


”Oh, Madre de las Angustias, faro luminoso que ….”
El fragmento de la oración de la Novena a la Virgen de las Angustias que nos indica de manera metafórica una realidad espiritual para todos los cristianos, se ha convertido en una realidad física desde el momento en que se instaló la vidriera con la imagen de la Virgen de las Angustias en la ventana que daba luz al camarín y que está situada bajo la torre de la ermita.
Esta obra, fruto del buen hacer de la Directiva de la Asociación de la Virgen y de sus párrocos, me hace recordar para este artículo una anécdota que ocurrió en el lejano año de 1980 en la Ciudad del Vaticano.
En la plaza de San Pedro, en Roma, durante siglos no ha habido una imagen de la Virgen. Un día de mayo de 1980, al visitar la plaza, un universitario español comentó: ”¡Falta la Virgen!; se lo tengo que decir al Papa”. Durante la audiencia de Juan Pablo II a los universitarios, el Papa iba saludando por el pasillo central cuando se oyó una voz: ”Santo Padre: en la plaza de San Pedro no está la Virgen, no está la Madonna”. Juan Pablo II lo pensó un momento y le contestó en castellano: ”La Plaza no está completa ... Habrá que terminarla, habrá que terminarla ... ”.

      Al año siguiente, en 1981, el Papa inauguraba un mosaico dedicado a María, Madre de la Iglesia, que se encuentra en una fachada, hacia la plaza: ”Me alegra inaugurar este testimonio de nuestro amor con el deseo de que todos los que vengan a esta plaza de San Pedro eleven la mirada a nuestra Señora, para dirigirle con sentimiento de filial confianza un saludo personal y una oración salida del corazón”.

No se si la ermita de las Angustias, al igual que la plaza de San Pedro, está ya terminada con este vidriera, pero reconozco que, ahora, en cualquier momento del día, aunque la ermita esté cerrada, podemos acercarnos a la Virgen cual barco que busca el faro para llegar a puerto, sean cuales sean las olas que nos acompañan en nuestro rumbo.
Ella, con maternal cariño, nos mostrará el camino para llegar al tesoro más preciado de su corazón, a su Hijo amado, a Cristo nuestro Hermano Mayor. La devoción a la Virgen nos enseña a ser hijos: a querer de verdad, sin medida; a ser sencillos, sin esas complicaciones que nacen del egoísmo de pensar sólo en nosotros; a estar alegres, sabiendo que nada puede destruir nuestra esperanza.

      El principio del camino que lleva a la locura del amor de Dios es un confiado amor a María Santísima. Si caminamos de la mano de la Virgen Santísima, Ella hará que nos sintamos hermanos de todos los hombres: porque todos somos hijos de ese Dios del que Ella es Hija, Esposa y Madre.

      ”Estamos en este mundo como en un mar borrascoso, como en un destierro, como en un valle de lágrimas. María es la estrella del mar, el consuelo de nuestro destierro, la luz que nos indica el camino del cielo enjugando nuestras lágrimas” nos dejó escrito San Juan Bosco.

      Miremos, pues, confiados a la luz de la Virgen de las Angustias, seamos agradecidos porque ella nos dio a Jesús y no dejemos de cumplir lo que un día dijo en las bodas de Caná: ”haced lo que Él os diga”.


Enrique López Gallego
Hermano Mayor de la Cofradía de Jesús de Medinaceli

 
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